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jueves, 28 de febrero de 2008

Un rato en Catia

Imagen Google: se llama Catia, aunque nada que ver con el barrio
¡Vamos, llego cansado a mi cueva como para tener tiempo de relax y ponerme a navegar o escribir en el blog! Hoy, a una semana prácticamente del último reporte, bosquejaré la visicitud de este taxista en la calle.

Ahorita mismo leo que un Sr. Marrero, taxista, fue ultimado en Catia, subiendo hacia boquerón, donde llaman las Brisas. El hombre era ecuatoriano, y es el responsable de esas tres fotos de su mujer llorando que aparecen en la portada de El Nacional. Sin saber dónde vivía -quizás Catia era su sitio de habitación-, el hombre se exponía mucho metiéndose en camisas de once varas.

Catia, de acuerdo con cifras policiales, es el área de mayor comsión de delitos. Hay que andar mosca por allí y sin gringolas. Mucha gente anda armada y a veces el menor atisbo de discusión termina con un tiro en la pierna y una moto huyendo, en el caso más leve. En cuanto a mí, ya les he contado la suerte que me ha acompañado respecto de la delincuencia, de quien he sobrevivido extraordinariamente, porque, como les dije una vez, hasta el mismo atracador me ha defendido de sus compinches. Suerte que tiene uno; espero poder contarle muchas historias.

Y hablando de Catia, les refiero que el fin de semana estuve en sus alturas, bebiendo en casa de Mariú, decepcionada porque no sale embarazada. No puedo hacer nada; he hecho los intentos y nada, hasta el punto que en un momento me quedé seco por dentro. ¡Así son las mujeres, prácticamente se tragan a uno!

Pasee con ella, bebí cerveza y me puse a inventar fumar puros, con el que alboroté toda el área. Todo el mundo chilló, pero muchos de los chillones se unieron al club también, dándoles probadistas. Me metí un rato con ella en el cuarto, nos desnudamos, le grabé un rato las tetas y la totona, un sexo oral y hasta una penetración, y la cargo conmigo aquí en el celular. La dejé y luego me fui a mi apartamento. ¡Nunca me imaginé que esto de la cámara la excitara tanto! Ya le he mandado unos link de la subida de los videos a internet. Ustedes, señores lectores, lamentablemente tendrán que imaginárselo, porque esta página no da para semejantes imágenes.

Por lo demás, nada del otro mundo. Puro trabajar de 3:30 pm hasta las 7:30 pm, suavemente, para ver si vivo un poco más. A partir de una llamada de JA, un cuñado de Guatire, quien me invitó a Higuerote este fin de semana, estoy barajando con quien será la jornada de sexo. O una amiga que lleve la amiga de JA, o una catira que tengo en La Rosa como colchón amortiguador de improvisaciones. Pero si no hay sexo, igual será una salida de calidad, porque habrá tragos y mar.

sábado, 9 de febrero de 2008

El retorno del taxi, no Jedi


Pido piedad a mis lectores, si es que he tenido uno por allí.
La última vez que me reporté le hablaba de una aventurilla que me había reportado un servicio que realice hacia una zona de Catia, lugar donde me quedé enquistado en unas especies de vacaciones o luna de miel de "altura" (zona alta de Caracas), con diciembre incluido y todo, tiempo en el que que no me ha sido necesario siquiera trabajar. ¡Qué tal! Este cínico no giró más en el carro para "trabajar" en la ciudad. Se quedó allá arriba, como ciudano sin oficio, sin comer. Mi estatura de 1.80 mts llegó a los cien kilos. ¡Señor, cómo lo he pensado! Ya daré detalles.
He vuelto.
Con decirles, cuates, que la damisela que me secuestró para allá no quiere que yo pise la calle y me tiene de chulo encuevado. Confieso que nunca me imaginé que tal profesión llegaría a convertirse en una rutina también, generadora de bostezos. Hoy, que vuelvo, lo he hecho animado por una temible sugerencia de mi princesa.
¡Quiere un muchachito!
Señores, cuando decidí crear la página para hablar del servicio de taxi, no me imaginé que terminaría comportándome como una especie de diario de Don Juan. Pero... ¡qué se le hace, muchachos! Las mujeres se han volcando a conquistar el mundo y ahora sueñan con manterner hombres, ponerle un delantal y hasta colocarlos debajo cuando el amor, en la sometida posición del prisionero. ¡Y uno bravo!
¡Señor, tu sabes que mi intención fue buena! Pero ¿qué le hago? Mientras trabajo, en medio de la rutina de la ganada de dinero, surgen cosas..., de todo, desde una mirada rara de una mujer acompañada con el marido hasta un descarado abrir de piernas cuando miro hacia atrás para recibir o entregar un pago, o cuando decido mirar a los ojos de una mujer especial.
En fin, me toca dar feliz año bien empezado el año. ¡Feliz año!

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