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lunes, 4 de diciembre de 2006

Noche dura

El día sábado, 2:00 pm, arranqué de Ciudad Guayana para Caracas. Volé. siete hora y media. Objetivo: votar para elegir entre Rosales y Chávez. Lo hice ayer y ahora me encuentro respirando el contaminado pero sabroso clima de la metrópolis.
Ese día me levanté a las 11:00 am, aún turbio de cervezas. Me pasé la noche anterior no trabajando sino buscando una despedida de la región con una hermosa damisela. Me acosté a las siete de la mañana y manejé somnoliento para Caracas. Fue una aventura siempre peligrosa. Me decidí por Rita, dejando por ahora a Rosa.
Empecé tomando whiskie con mi padre, a quien le regalé una marca medianamente costosa. Luego me entusiasmé con los mismos vecinos y rodé por allí un rato. Me sentía algo infantil, como cuando uno se apresta para una despedida.
Uno de los camaradas se ofreció acompañarme para ir al encuentro de mi amada e imposible amor, llamada Rita, quien a la sazón se encontraba en una zona algo delictuosa. Una zona poblada de sólo guyaneses, pero atractiva también por las niñas guyanesas, que son muy bellas. Eso le dije a mi acompañante para que se decidiera a ir conmigo.
Dimos muchas vueltas en los alrededores, pero me fue imposible recordar cuál era la dirección. La caña hacía su estrago en la memoria. Finalmente, me dí por vencido. Llevé al amigo a su casa y aun me bebí con él unas cuantas frías.
Promediando las diez de la noche, el demonio de la aventura se posesionó de mi cuerpo. Decidí buscar nuevamente la dirección, yo solo.
Así fue, y tuve éxito. Conseguí a la criatura, sola esta vez, pero con la presión de la llegada del marido de un momento a otro. Ello me tenía muy excitado, y ello me hacía al mismo tiempo muy feliz, pues, hermano, se siente uno vivo, vivo, tan vivo que alcanzas conciencia de muerte.

La dama de los peligros, es lo que mejor le cuadra



Así andaba yo, envuelto en peligro: yo en la casa de la chica, en una barriada peligrosa, desconocida, y con la amenaza de un encontronazo con el inocente marido.
Cuando perfilé a la niña para cosas mas serias, después de hablar un rato con ella, surgió la idea de conseguir unas cervecitas adicionales para acompañar el momento. Me fui hasta una bodega donde previamente había hecho amistad con unos mañosos y donde también me había bebido unos cuantos galones del líquido embriagante. Compré un ramillete botellas bien heladas. Volví a la casa de la chica, pero había ocurrido lo temido: al coño de marido lo protege el dios de la fidelidad. El tipo había aparecido, y tenía represeda al objeto de mis deseos en su hogar.
"¿Qué hacer?", carajo, pensaba mi cabeza. Nuevamente varado con esta mujer. Nuevamente... Creo que es suficiente, me lo digo ahora. Ella está allá, disponible, quiere estar conmigo, y yo también quiero llevarme a la tumba el recuerdo de haberla poseído. Pero todo se opone, como dice el poeta.
Arranque con mi despecho listo para ser transformado en trabajo nocturno: ¿qué más podía hacer? Partí.
Al salir de barrio -para completar- el vehículo se me encunetó en una especie de quebrada, y allí esperé una media hora que llegase la delincuencia o una ayuda. Ya eran como las doce.
Afortunadamente apareció primero la ayuda que los choros. Me sacaron a empujones, eché una buena meada en tan frustrante lugar y me fui a rodar por la ciudad hasta la madrugada, repitiendo el ciclo acostumbrado de trabajo nocturno.
Después, durante el viaje a Caracas, somnoliento, ciento cuarenta o cincueta kilómetros por hora, a la altura de Anzoátegui, caí en una depresión vial y se me reventó un amortiguador. Nada grave que me impidiera continuar. Seguí a la misma velocidad. Arribé a la ciudad. Dormí y amanecí y voté ayer domingo por mi candidato de preferencia.
Desde hoy, por unos quince días cuando regrese a Guayana, cambio mi campo de acción por Caracas, donde tengo unos dos o tres direcciones sexuales a disposición.
Veremos. Por lo pronto, a reparar y trabajar.

sábado, 18 de noviembre de 2006

Una noche larga y tendida


Hoy amanecí con el bolsillo algo nutridito: trabajé toda la noche y trajiné el bolsillo de mi amado prójimo. Es decir, por la hora les cobre fuerte. Redondee un monto de Bs. 400.000, desde las 8:30 pm hasta las 5:30 am. Monte culones por cantidad e hice un recorrido de 600 KM en total. Aclaro que trabajo en estos momentos en Pto. Ordaz, aunque suelo hacerlo en Caracas. Me bebo ahora unas cervecitas para rememorar tan larga noche.
Todo empezó después de fustrada cita con una linda damisela -digamos Rita- que esperaba escapársele al marido para disfrutar conmigo. Treinta años, dos niñas, contextura delgada, senos como del tamaño de una naranja, rostro divino. No pudo ser. El tipo apareció temprano por su casa y yo me que quedé como un zamuro, dando acechantes vueltas.
Decidí trabajar corrido para descargar la energía que había acumulado para la cita.
Los primeros servicios fueron los convencionales, desde la 9:00 pm hasta las 11:00, gente bien que luego se va a dormir. Hacia las doce empezó la hora de los maricas, borrachos y putas, especies nocturnas. A tal hora el ambiente se pone peligroso pero más alegre. Luego, después de las dos, le dí corrido hasta la luz del día, y el aire que se empezó a respirar olía a peligro. Trabaje siempre con la sensación del atraco, pero nada ocurrió. Transcurrió el tiempo más que todo en Puerto Ordaz y Unare.
Hacia el amanecer me paré frente a un bar de putas en San Felix, y las zorras, a luz de mis ojos medio prendidos, lucían de maravilla. Vestían ropas mínimas y sus cuerpos eran desbordantes. Tremendas mulatas dejando correr la juventud de sus carnes entre humo y caña. Una de ella me contó de su sufrimiento con un cliente a quien le olían los pies; otra, el dolor que sintió cuando fue penetrada por una especie de asno o caballo con dos patas.
No toque nada, pero debo confesar que siempre que trabajo hasta el amanecer me invade una necesidad de aventura terrible y un gran deseo por una mujer. Logro controlarme.
Cuando vi las primeras luces, recordé que tenía que verme con Rita a las diez para llevarla a pasar el día en un fundo hasta que salieramos en la tarde para ir a pasear por el puente Orinoquia, de reciente inauguración. Mi ánimo caldeaba, y me sentía con ánimo de proponerle que se acostase directamente conmigo, no importando lo temprano del día.
Todo se atenúo con un par de horas que dormí hasta las 9:00 am.
Ahorita en la tarde maduro el modo de cómo acostarla, sin que me afecte tanto el bolsillo.

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