
Algunos de los pasajeros a bordo no conocían el nuevo Puente Orinoquia, novísima y magnífica obra de ingeniería que conecta al estado dicho con el estado Bolívar, sobre los puntos Puerto Ordaz-Barrancos. Para ir de un estado a otro, lo usual era utilizar la "chalana", la cual todavía funciona, aunque mermada, como se comprenderá. Como nosotros, muchos se van por el puente para admirarlo. Supongo que después de pasada la novedad, tornarán a su apreciada chalana, más si se vive en las márgenes del gran río. Hay que decir que el puente resuelve en general, pero en específico a muchos les conviene la chalana, pues de orilla a orilla es insuperable si hablamos de tiempo. Vea el puente, de día y de noche, en imágenes tomadas de Google imágenes (perdí las propias, en un mal manejo de la cámara):


Durante el trayecto nos perdimos y, creyendo que entrábamos hacia la vía de Barrancas, nos metimos por la vía de los Barrancos, la segunda entrada a mano derecha del recorrido. La primera es un pueblo muy pequeño, Macarapaima. Hay que tener claro que los Barrancos se diferencia de las Barrancas no únicamente en el género, sino en la ubicación. Nada de confundirse, como nos pasó a nosotros. Sepán que los Barrancos es una población del estado Monagas situada en plena orilla del río, muy cerca de San Felix. Nosotros, en cambio, íbamos más adentro del estado Monagas, a Barrancas... Pero no nos quejamos al extraviarnos en el camino: el día estaba espléndido, plomizo en el cielo, algo frío, lo cual es insólito en la zona, de suyo ardiente...
Además, de vez en cuando un preparado de licor espirituoso refrescaba nuestro "sufrimiento" en la garganta. Fue un viaje full placentero, para que veaís, sin necesidad de andar dando tumbos en los barrios de la ciudad, persiguiendo chicas o viejas, sufriendo las tensiones del Don Juan cuando tiene el apetito de comerse una ostra.Arribamos a la ciudad, finalmente, y nos dedicamos a buscar una dirección. ¡Vaya, vaya! Se nos fueron dos horas en el asunto, y buscábamos afanosamente la mujer de los sueños de uno de los galanes que viajaba con nosotros. Le habían dado una dirección tétrica de su amada, allá en barrancas: al lado del cementerio, cerca de una planta procesadora de refrescos. La vaina estaba buena, porque los bandazos nos permitió conocer los barrios, bajarnos en las bodegas, ir al malecón y saludar a los muertitos en el camposanto. Recuerdo haberme aprovisionado de unas botellas de refrescos y un jarrón de vino, por si acaso...
Durante el trayecto fregábamos la paciencia del pana. Lo teniamos realmente preocupado, diciéndole que no nos parecía una buena idea ir a la casa de la amada sin avisar, sorprendiéndola, por aquello de las vidas dobles y los cachos. De repente nos topábamos -le decíamos- con tremenda sorpresa, encontrándola sentada en las piernas de algún Charles Atlas o sobre algún viejo verde. Nunca se sabe, señor, con algunas damas aventureras. Y no me sorprendería, porque el oficio de traga carreteras que soy yo, taxista, me ha hecho perder la capacidad de asombro.

Descubrimos la dirección y, de paso, no notamos nada raro de nuestro malvados presentimientos... Sencillamente porque la casa estaba sola, según nos dijo un vecino, y la damisela no se encontraba en el área, sino más atrás, en un punto ya pasado del camino. Nos devolvimos y fuimos a parar a un pueblito ubicado a una hora. Como se entenderá, seguimos aporreando la paciencia del amigo, diciéndoles que la mujer se había escondido, que no nos había querido recibir, que se las había arreglado con el vecino o que, en último caso, andaba con otra pareja por allá en el pueblucho al que nos enviaron.
En fin, llegamos al área, llamada Varadero, y con nada raro nos topamos (todo el mundo era inocente). Lo que siguió fue una maravilla de tarde en una casa en las barrancas de un gran río, tomando, hablando, jodiendo, esperando una comida bastante condimentada y sabrosa de la dueña de la casa, una hermana de la galana.
El paisaje y los pueblillos por allí se las traen. Bueno es darles una visita, si se quiere romper la rutina de vida.


A este pasajero lo venció el vino por un rato, pero se animó e hizó de fotógrafo, a ratos también, porque la imágenes son cortesía del señor J. E. Villasana, salvando las del puente. Imágenes autorizadas.
Hay bastante historia sobre Barrancas. Yo apenas transmito unas vivencias. Por ejemplo, ¿sabías que estudios demuestran que es el pueblo más antiguos del Venezuela? A continuación cito un extracto de la página Rutas4wd.com:
Barrancas del Orinoco es una población de unos 20.000 hab. ubicada al Sur del Edo. Monagas, fundada oficialmente por el Padre Fray Joaquín de Motora como parte de una estructura misional en 1790 bajo la Advocación de San Rafael Arcángel, patrono de la localidad. Actualmente es la capital del Municipio Sotillo, cuyo antiguo amplio territorio ha sido desmembrado en sucesivas oportunidades para dar paso a otros municipios. Hoy tiene apenas una extensión de 1.939 km2. Aquí también se sitúa uno de los principales asentamientos de la etnia Warao, herederos de una rica historia que ha hecho que Barrancas tenga una peculiaridad que la hace ser mencionada en diversos tratados de historia universal en todo el planeta. Y es que se considera el asentamiento más antiguo de Venezuela, cuna de la llamada “cultura barrancoide”.
Paséate por este enlace (suyos son los créditos) y documéntate más sobre el lugar.







